Parece como si hubiésemos estado y hablando así antes. Entonces nos mirábamos uno al otro de la misma forma, Pero no puedo recordar dónde o cuándo. La ropa que llevas es la ropa que llevabas, Tu sonrisa es como la sonrisa de entonces...
La de siempre, la de todas las vidas la de la eternidad
Hoy no te voy a escribir un poema. Voy a hacerte una confesión Una confesión de encuentro, de caricias con supiros
Una confesión de siempres remojaditos en besos de costuras por cerrar en el perfil de tu espalda
Una confesión de realidades infinitas y angulosas con espirales abiertas y nueves con madreselvas
No, no quiero escribirte versos quiero que sepas Que lo sepas en el alma y lo pintes con los dedos
Una confesión de caracolas halladas y de estrellas entre sal
De las sábanas dispuestas y el corazón entregado Del arrullo de tu boca y los encuentros eternos
Una confesión de lilas con el agua entre las hojas y el polen canturreando bajo pétalos de seda
De gaviotas entre olas de rosas sobre la almohada y el perfume de un te amo que se posa en la mirada
No, no voy a esccribirte versos quiero perderme en tu ombligo que es el sol de mis mañanas
Ven... que los treces se desgranan y el tiempo cerró la puerta porque tu baile y mi danza son cosa tan sólo nuestra
No es que él sea bello, es mágico y la gente no distingue la belleza de la magia
Las palabras nunca pueden emular al sentimiento pero hay que dejarlas libres para que vuelen muy alto
Y salga la lluvia de invierno unida a la de verano
Conozco un valle hermoso y yermo según sea martes o enero y la hora juegue a tres en raya
En que se mecen tus sueños y los míos son de plata
Rodeado de montañas como las sábanas blancas con un corazón de fuego y el estómago de lava y los helechos altivos y los robles de miradas
Donde se juntan los nortes con naranjas y manzanas
Sé de historias que me cuentan y de cuentos que imagino sé del tiempo y de su paso
Sé de pingüinos y gatos
Escucho el sabor de un beso y paladeo un te amo y no me pregunto nada
Cuando estoy entre tus brazos
Porque la vida termina y comienza en un momento cuando las mimosas cantan y hay la fuerza de un aliento y los recuerdos se escapan y se desgastan las manos
Pero el sentimiento crece según los ojos se escarchan