Y floreció el romero cuando ya no lo esperaba inundando mis miradas y el tacto de mis sonrisas haciendo del tiempo vida y de la vida, presente
Y floreció el romero una noche de verano y ya no dejó hacerlo
Y floreció el romero sucumbiendo a las caricias para quedarse en la lengua y en las yemas de los dedos convirtiéndose en gemido y en caminar de los días
Y floreció el romero cuando tus pasos cantaron en el borde de mi oído y tus labios se acercaron para sellarse a los míos...
y los atajos por descubrir la piel abierta en gajos de deseo y el suspiro entrecortado se extendió mi pelo sobre la almohada blanca y en tus manos parecía la media noche tu cara en las mías era el amanecer de los sueños no perdidos
Un roce, tan sólo un roce de pieles encendió el lecho de candelas y un aroma a espera terminada inundó el sabor de las naranjas mientras bailaban las caderas un vals tan dulce que impregnaba los pliegues de canela